
Este fin de semana se ha publicado en el periódico el Mundo un artículo a doble página acerca de las relaciones de los médicos con la industria farmacéutica. . Ya empezamos mal. El Mundo enarbolando la bandera de la pureza y la honradez. ¡Anda ya!
Sobre este tema tan difícil de abordar, vaya por delante mi respeto más absoluto a las posturas individuales de los compañeros y que cada uno busque y encuentre un equilibrio en esa relación que sea coherente con sus principios éticos personales.
Pero otra cosa son las declaraciones públicas de posturas explícitas, al respecto. Digo yo que como son públicas podremos comentarlas y si no, no haberlas hecho públicas.
En este tema, en mi opinión, o se es o no se es. No vale eso de ser “un poquito infiel” o “te puse los cuernos, pero fue sin intención”.
Y lo digo, porque me ha dado una vuelta por la web de los defensores de la pureza del alma y del cuerpo, los impolutos. ¡Ay que miedo me dan los sepulcros blanqueados!. Hartitos estamos de los defensores de la castidad que se van de putas por la noche o de homófobos que son pillados en un club gay. El pueblo es sabio y siempre ha dicho “dime de qué presumes y te diré de que careces”
Me he molestado en mirar la lista de firmantes. De nuestra zona, Euskadi, no pasan de media docena los firmantes que son médicos de Atención Primaria, y que en consecuencia han hecho declaración pública de intenciones en este tema. De ellos solamente conozco a uno. Es un hombre serio y coherente del que tengo una buena opinión. La última vez que coincidí con él, fue hace pocas semanas, un sábado por la mañana, en un evento organizado por una sociedad científica en un hotel de Bilbao. Compartimos un desayuno con café, pastas y un zumo de naranja. Todo estaba exquisito. Tras el acto había una comida a la que no me quedé. Yo no pagué nada de mi bolsillo y supongo que él tampoco. El acto estaba subvencionado por un laboratorio. Supongo que lo pagaron ellos. Estoy seguro que, ni por un momento, ni él ni yo tuvimos la sensación de haber vendido nuestra alma al diablo.
¿o sí?.
El colmo de los colmos es ver a gente madurita haciendo en público esta pregunta. ¿Papá, papá, tú crees que me salvaré de ir al infierno por haber aceptado un boli??